Cadena de Valor
Enonatur: vinos a medida para clientes que valoran lo intangible
Preservar un viñedo que desaparece, conservar el legado de sus antepasados y una forma de trabajar la viña en las fuertes pendientes de A Ribeira Sacra, proteger su paisaje y su historia y, además, hacer vinos singulares. Es la carta de presentación de Enonatur, una empresa nacida del empeño del enólogo gallego Roberto Regal que no comercializa los vinos que hace, sino que, a través del apadrinamiento, da a otros la oportunidad de tener el suyo propio, con su propia marca. Aquí se mima el viñedo, con mínima intervención y poda en verde, dejando que se exprese la tierra para devolver al cliente un vino singular y de calidad.
“¿Alguna vez has soñado con crear tu propio vino?”. Así, con esta pregunta tan sugerente presenta Roberto Regal a Enonatur en su web. Elaboran “vinos de forma natural y sostenible”, se lee a renglón seguido, pero decir esto es quedarse corto. Lo que hace este gallego en la Ribeira Sacra va mucho más allá, y enlaza tangibles e intangibles: agricultura, sentimiento, paisaje y preservación del legado rural y cultural. Definirlo parece fácil y es tan difícil...
Enonatur nace en 2007 como empresa de servicios de vitivinicultura y, desde aquí, transita hacia lo que hace hoy: recuperar parcelas de viñas en las escarpadas riberas del Miño y del Sil para hacer vinos de autor, al gusto del cliente. Roberto, enólogo apasionado ―“porque aquí hay que tener mucha pasión”, dice―, no sólo hace vinos para otros sino que preserva un legado que se está perdiendo. En esta zona la viña y la cereza eran solo un complemento de la economía familiar, no había detrás una economía potente. Y en los últimos años, “se ha perdido el conocimiento a la hora de trabajar el viñedo; ahora es todo más sistemático, con menos observación, es difícil explicar lo que puede pasar en el rural cuando se pasa tanto tiempo sin valorar las cosas, cuando hay una falta de legado”, reflexiona.
Fue en 2011 cuando la empresa cambia de objetivo. “Veía que se iban abandonando viñas que conocía y ahí fue cuando arriesgamos bastante: dimos el gran paso de coger esos viñedos”. ¿El precio? “El pago a la propiedad era recuperarlos ―explica Roberto―, recuperar el suelo sin usar herbicidas, levantar muros, limpiar lindes, reponer cepas que habían muerto y buscar empresas, grupos de amigos o sumilleres que apadrinasen ese viñedo. A partir de ahí empezamos a trabajar con un ingreso directo y nos metimos a coger fincas antes de buscar los padrinos”. [...]
Texto: Pilar Virtudes / Fotografía: Abel Valdenebro