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Lombrices regeneradoras de suelos, el agente clave de Naturfera
Raquel Camarero trabajaba en la ciudad de Burgos, pero tenía claro que quería desarrollar un proyecto que le permitiera volver a su pueblo. Ingeniera industrial por formación pero hortelana por vocación, elaboraba para sus huertos un sustrato orgánico con lombrices, y al descubrir su potencial transformador las convirtió en la base de su empresa de humus, Naturfera. Diez años después, ya convertida en “ganadera de lombrices”, continúa haciendo pruebas y avances para que estos pequeños invertebrados transformen, cada vez de forma más eficiente, los residuos de explotaciones de la zona en el mejor fertilizante orgánico posible.
El humus de lombriz (o vermicompost) es un sustrato que se obtiene a partir de residuos orgánicos transformados por la digestión de las lombrices de tierra. Su naturaleza y composición mejoran en el suelo la estructura física, pH, la capacidad de absorción de nutrientes y el equilibrio microbiano. Raquel Camarero lo descubrió hace unos diez años, cuando adquirió unas lombrices para generar su propio abono para la huerta. Las primeras pruebas las hizo en su piso de Burgos, y cuando entendió el potencial que tenía este fertilizante natural vio la oportunidad de montar un negocio en su pueblo, Torresandino (Burgos), como siempre había querido. Esa fue la semilla de Naturfera, que Raquel, ingeniera de diseño industrial, tuvo que desarrollar de forma autodidacta, leyendo mucho sobre agricultura regenerativa y visitando otros proyectos. “Pero como aprendes realmente es haciéndolo tú y probando”, explica.
“Siguiendo la lógica de la fertilidad natural y las lombrices” Raquel expresa que quería desarrollar su proyecto de forma “muy orgánica, ir paso a paso”. Comenzó poco después de la pandemia de covid-19, con acabados de humus en cantidades pequeñas, enfocados principalmente a jardín y huerto urbano, y ahora está creciendo para dar servicios a la agricultura profesional. Para las instalaciones no ha necesitado hacer grandes inversiones, al aprovechar un terreno de la empresa de áridos y hormigones de su familia para situar la granja de lombrices.
Allí el proceso comienza con un primer compostaje de materia orgánica seleccionada, aún sin los invertebrados, pero ya empleable en suelos, que es la base de la siguiente fase, donde ya sí se introducen las lombrices. Estas, en condiciones muy controladas de humedad y temperatura, digieren la materia orgánica y procesan el sustrato hasta transformarlo en vermicompost o humus de lombriz. Finalmente, las lombrices son inducidas a abandonarlo y a colonizar un nuevo sustrato que procesar. El que acaban de dejar se criba y envasa como producto final, que se vende sin lombrices, aunque a veces ―es inevitable― se escapa alguna en algún saco: “Al que le toque tiene premio”, explica Raquel. Esta materia elaborada está “muy estabilizada, se puede cultivar directamente en ella”, añade. Con poca cantidad, se aportan al suelo “las tres ‘M’: microorganismos, materia orgánica y minerales”. Y aunque, como indica a los agricultores, el vermicompost no sustituya completamente la fertilización química de un terreno, sí puede complementarla para reducir cada año una mayor cantidad de químicos con este producto obtenido “a la puerta de casa” [...]
Texto: María Gil / Fotografía: Naturfera